Categoría: Reseñas

  • Led Zeppelin: IV (1971)

    Led Zeppelin: IV (1971)

    Hay un momento en Black Dog — el primer tema del disco — en el que la banda para. Para del todo. Plant termina una frase y se hace el silencio. Y entonces entra el riff. Ese silencio dura menos de un segundo pero vale más que diez solos de guitarra. Ahí, en ese hueco, está todo lo que hace grande a Led Zeppelin IV.

    No vamos a empezar por Stairway to Heaven. Todo el mundo empieza por Stairway to Heaven. Vamos a empezar por donde empieza el disco: por un riff sincopado, extraño, que no cabe donde debería caber, grabado en una mansión en ruinas de Hampshire en pleno invierno de 1970 sin calefacción y con las paredes desconchadas.

    Una antigua casa de trabajo como estudio

    Headley Grange era, antes de que Led Zeppelin lo convirtiera en leyenda, un antiguo hospicio victoriano construido en 1795. Frío, húmedo, con el papel pintado cayéndose a tiras. El bajista John Paul Jones recordó su primera noche allí con una sola frase: «Oh, really?» mientras robaba un radiador eléctrico de otra habitación para no congelarse.

    Page lo vio de otra manera. El guitarrista y productor había llegado al convencimiento de que el ambiente donde grabas se mete en la música. Y tenía razón. El estudio de grabación de los Rolling Stones, que viajaba en un camión, estaba aparcado en el jardín. Los micrófonos colgaban de la escalera. La sala se convertía en el instrumento.

    La prueba más obvia de esto es When the Levee Breaks, el tema que cierra el disco. El ingeniero Andy Johns colocó la batería de John Bonham en el hueco de la escalera principal, una caverna de tres plantas con propiedades acústicas imposibles de replicar, y colgó dos micrófonos Beyerdynamic M160 desde arriba. El resultado es el redoble de batería más sampleado de la historia del rock — aparece en grabaciones de los Beastie Boys, Eminem, Björk y Depeche Mode, entre decenas más. Bonham, al escuchar la grabación en el camión, gritó: «¡Eso es lo que he estado oyendo en mi cabeza!»

    La rabia del disco sin nombre

    Led Zeppelin III había recibido críticas tibias. Los fans no entendieron el giro acústico y folk. Algunos dijeron que la banda se había reblandecido. Page se cabreó. La respuesta fue sacar un disco sin título, sin nombre de banda en la portada, sin nada. Solo cuatro símbolos — uno por cada miembro — y una fotografía de un anciano cargando leña. Atlantic Records, la discográfica, estaba furiosa.

    El disco salió el 8 de noviembre de 1971 y se convirtió en el álbum más vendido de su catálogo, con más de 37 millones de copias vendidas. No llegó al número uno del Billboard — lo bloquearon Sly & the Family Stone y Carole King — pero se ha vendido de forma constante durante más de cincuenta años.

    Lo que de verdad contiene este disco

    Ocho canciones. Dos caras de vinilo. Y una variedad que no debería funcionar y funciona.

    Black Dog abre con ese riff imposible de cuatro compases que no cuadra con la batería — lo que da la sensación permanente de que algo va a descarrilar y nunca descarrila. Rock and Roll nació de una jam session improvisada cuando Bonham empezó a tocar la intro de Keep A-Knockin’ de Little Richard y el resto de la banda entró sin pensarlo. Quedó grabada casi entera en esa primera pasada.

    The Battle of Evermore es otra cosa: Page había cogido prestada una mandolina de Jones y compuso la pieza en quince minutos. Plant la llenó de imágenes tolkienianas — había leído El Señor de los Anillos — y llamaron a Sandy Denny, de Fairport Convention, para que cantara el papel del «pregonero del pueblo». Es la única vez en toda la discografía de estudio de Led Zeppelin que una voz femenina aparece en un tema.

    Going to California es una carta de amor acústica a Joni Mitchell — Plant la admiraba profundamente — y Four Sticks tomó su nombre de la técnica literal: Bonham tocó el patrón del tema con cuatro baquetas en lugar de dos.

    Y luego está Stairway to Heaven. Plant la escribió sentado junto a la chimenea — la única fuente de calor del edificio — mientras Page perfilaba la progresión de acordes. Dura ocho minutos. Ha sido la canción más radiada en la historia de las emisoras americanas de rock. Genera todavía más de cien millones de dólares anuales en derechos. No necesita que la defendamos.

    Por qué importa más allá del mito

    Lo que hace realmente diferente a Led Zeppelin IV no es Stairway to Heaven. Es la convivencia en ese disco de extremos que no deberían coexistir: la brutalidad física de When the Levee Breaks junto a la delicadeza folk de The Battle of Evermore, el riff de Black Dog junto a la melancolía de Going to California. Como apuntó el propio Page: «Teníamos esos extremos de música. Queríamos concentrar toda nuestra energía en un ambiente donde vivíamos la música las veinticuatro horas. Esa es la clave del cuarto álbum: fue residencial.»

    El disco no llegó al número uno. No tiene nombre. Y lleva más de cincuenta años sin necesitar ninguna de las dos cosas.


    Puntuación EDR: 9.5/10

    Qué escuchar primero si no lo conoces: Black Dog → When the Levee Breaks → Rock and Roll

  • Black Sabbath: Paranoid (1970)

    Black Sabbath: Paranoid (1970)

    Año: 1970
    Género: Heavy metal / Hard rock
    Sello: Vertigo Records


    Primera escucha

    La primera vez que escuche Paranoid no sabia que estaba escuchando el principio de algo. Pensaba que era un disco viejo. No entendi hasta anos despues que viejo y fundacional no son la misma cosa.

    Paranoid no anuncia que va a inventar un genero. Entra, toca, y se va en 41 minutos. Sin introducciones, sin transiciones innecesarias, sin un solo segundo que sobre. En 1970 eso era la norma. En 2025 es casi una declaracion politica.


    El sonido

    Crudo. No deficiente, crudo. Hay una diferencia importante.

    Las guitarras de Iommi no estan pulidas. Tienen peso, friccion, textura. La bateria de Bill Ward no busca ser precisa, busca ser fisica. El bajo de Geezer Butler no acompaña, empuja. Y Ozzy canta como alguien que tiene algo que decir, no como alguien que esta demostrando que sabe cantar.

    Todo junto suena a banda tocando en una sala. Porque eso es exactamente lo que es. Y eso, con el tiempo, vale mas que cualquier produccion moderna.


    Los riffs

    Aqui es donde el disco deja de ser bueno y pasa a ser referencia obligatoria.

    Iron Man funciona por el silencio entre notas. Iommi toca y se detiene. Ese espacio vacio es parte del riff. Si lo rellenas, lo destruyes.

    War Pigs construye durante casi dos minutos antes de que Ozzy abra la boca. El riff no tiene prisa porque sabe que tiene razon.

    Paranoid el tema es lo opuesto: urgencia pura, casi punk, sin un gramo de grasa. Funciona porque no intenta ser mas de lo que es.

    Electric Funeral y Hand of Doom van al lado oscuro sin perder el pulso. Riffs que definen el ambiente antes de que la letra diga nada.

    No hay relleno. No hay un riff generico que pudiera estar en otro disco. Cada uno tiene nombre propio.


    Lo que funciona

    • Riffs con identidad propia e irremplazable
    • Una produccion que refuerza el sonido en lugar de maquillarlo
    • Cuarenta minutos sin un segundo que sobre

    Lo que no funciona

    • Rat Salad es el punto mas debil, un interlude de bateria que interrumpe el ritmo sin anadir nada esencial
    • Para un oyente de 2025 sin contexto previo, la produccion puede levantar un muro inicial que hay que decidir cruzar

    Conclusion

    Paranoid no es un clasico porque llego primero. Es un clasico porque cada riff pasa el filtro. Quita todo lo demas, la historia, el contexto, la leyenda, y queda algo que se sostiene solo.

    Eso es exactamente lo que pedimos aqui.

    Nota EDR: 9 / 10


    SonicMancer
    Eterno aprendiz de guitarrista. Llevo mas anos escuchando metal que sin escucharlo. Este disco fue uno de los primeros. Sigue siendo uno de los necesarios.